jueves, 11 de junio de 2020

La maldición de los “Likes”


Alvin Reyes

El historiador norteamericano David Halberstam escribió un libro fabuloso sobre el periodismo en EEUU, “The power that be”. En este libro se explica como la medición de los ratings dañó la programación de la televisión norteamericana, como dejó de importar la calidad y todo se basó en cuantas personas miraban determinado programa o show, la calidad era lo de menos. Voy a traducir de manera libre algunas líneas del libro.

“Poco a poco las ganancias fueron creciendo año tras año cambiando y corrompiendo la naturaleza de la programación televisiva…Ahora la televisión se obsesiono con los ratings y estos tienen su propia moralidad, dictan su propia verdad… Aquellos que se atrevieron a advertir el descenso en la calidad de la programación y que apostaban por realizar programas de mejor contenido, no fueron considerados como personas realistas, no estaban viendo toda la perspectiva del negocio…O los ratings eran altos o eran bajo, no hubo lugar para otra consideración, ni hubo otro sistema de valores…el sistema de ratings lo destruyó todo, cualquier sentido de balance quedo eliminado no se trataba de llegar a la audiencia correcta sino a toda la audiencia” (1)

Si Halberstam estuviese vivo, murió en el 2007 en un accidente de tránsito, coincidiría conmigo en que ahora es peor. La llegada de las redes sociales ha prostituido lo que quedaba de racional en los medios de comunicación. Ya ni siquiera son los ratings, son los likes, o los views. Cuando se habla de un video musical en YT no se habla de la música se dice “tal video ha alcanzado 2 millones de visitas, o x cientos de miles de likes” así sea un documental, una soprano o un  chimpancé bailando.
Posteas algo, subes un video y tus amigos te preguntan y ¿cuantos likes lleva?, pero no vio el contenido, no se interesó si aprendió algo, si el video o el post dicen la verdad, si la canción es realmente buena. No, lo importante son los likes.

Y los likes se han convertido en un negocio muy lucrativo. O sea tengo una página web, quiero vender publicidad y le pago una cantidad de dólares a Facebook para que el número de mis seguidores aumente, estos seguidores son fantasmas, son empleados que están digamos en la India y que reciben X cantidad de dinero por dar “like” y “seguir” determinadas páginas que Facebook o Instagram les asignan.

¿Se podrá vivir una falsedad más grande? ¿Puedo vender mi negocio a la publicidad basado en una red de seguidores de mentira?

No solo es que el sistema de rating sea malo es que ahora son falsos, se compran.





1 Halberstan, David. The power that be. University of Illinois Press. 2000. Pags. 415-417

lunes, 8 de junio de 2020

LA DISCIPLINA SOCIAL SE ALIMENTA DE DATOS


Publicado originalmente en Quebrantando el silencio

La disciplina se define como el conjunto de reglas de comportamiento para mantener el orden y la subordinación entre los miembros de un cuerpo o una colectividad en una profesión o en una determinada colectividad.

Creo que esa definición lo dice todo: orden y subordinación.

En lo social, la disciplina es la fuerza que regula la sociedad. La disciplina social se puede definir como el acatamiento cotidiano al conjunto de reglas para mantener el orden y la subordinación a las normas (legales y morales) entre los miembros de un grupo social. Es la adhesión a normas que garanticen la convivencia. Es decir, el respeto de la Ley. También es la adecuación del individuo al medio social. Parte del proceso de socialización consiste en adquirir conciencia de las obligaciones para con el grupo o sociedad y en la práctica de esas obligaciones para adaptarse a ella. La disciplina social se empieza a construir en el seno de la familia durante los primeros años. El proceso continúa en la escuela y se sigue dando en el resto (y a través de) el resto de instituciones.

Esa disciplina se alimenta de datos. Lo vemos todos los días en esta especie de estado de alarma en el que nuestras vidas han quedado suspendidas.

Muertos, infectados, recuperados, porcentajes… Por país, por región, por municipio… por escalera de vecinos si pudiéramos obtenerlos. Los datos ofrecen certezas, para bien o para mal. Es algo a lo que agarrarse, proporciona una justificación racional frente a la otra cara de la moneda: el miedo. Porque los datos en sí, son meros números pero la utilización que se hace de ellos siempre tiene un propósito. Los datos aportan información y de siempre se ha visto que quien domina la información adquiere una gran ventaja. Los datos los manejan unos pocos pero sus consecuencias las sufrimos todos. El Estado y las grandes empresas manejan los datos, no sólo los controlan sino que los fabrican a su antojo. Nos ofrecen aquellas versiones que interesan a sus proyectos. Incluso nos enseñan cómo debemos reaccionar ante ellos. El fin de todo ello, es alcanzar el objetivo antes mencionado: orden y subordinación. Es decir, que nos mantengamos siempre abaja, siempre agradecidos al poder por protegernos y velar por nuestros intereses.

A día de hoy, podemos ver la ansiedad de millones de personas a la espera de nuevos datos a cada instante. La visceralidad con que se reciben esos datos y, a pesar del teatro político (una patraña que como siempre sólo sirve para mantener alerta al rebaño) la convicción mayoritaria de mantenernos obedientes. Dispuestos a delatar ante las autoridades a cualquiera que no comparta nuestro miedo y decida actuar de otra forma.

Llevamos toda la vida entrenándonos en la recepción acrítica de datos y en la sumisión a las consecuencias que el poder nos indica sobre esos datos.
  
Los datos están por todas partes. Vivimos en un mundo donde todo se reduce a cifras, incluso las personas. Desde que el dinero y la propiedad privada son los pilares fundamentales del orden social, las personas nos hemos convertido en números, en meros apuntes contables. Lo hemos aceptado e interiorizado y dejamos que nos traten y nos usen de esta forma. Así, la estadística (esa rama de las matemáticas que utiliza los datos para obtener inferencias) se ha convertido en la forma habitual de referenciar cualquier situación social y, por tanto, la mejor forma de mantener el espejismo de este mundo insostenible.

Llevamos toda la vida atendiendo a los datos de empleo y ausencia de él, a los sube y baja de la bolsa, a los datos demográficos, a los salariales, a los índices de precios de cualquier cosa, a los de jubilación y esperanza de vida, a los escolares… Nos hemos especializado en actuar en función de un sinfín de datos que nos proporcionan la certeza de saber en qué posición de la escala social nos encontramos y en cómo debemos actuar para ascender y no caer en el abismo de los que tienen peores números que nosotros.

Pero no sólo sirven para estas justificaciones sino que los datos tienen un uso todavía más perverso. Esa cara oculta que produce verdadero pavor y fortalece esa disciplina social.

Los datos determinan lo normal y, por tanto, establece las bases para la norma. Esto significa que se utiliza para determinar qué principios se imponen o se adoptan para dirigir la conducta o la correcta realización de una acción. Así, la estadística, justifica nuevamente la imposición de criterios de control y selección social. Esto se puede ver en cualquier ámbito de la vida. En el ámbito de la educación, el criterio estadístico sirve para etiquetar (con su consecuente estigmatización) a cualquier joven en función de unos criterios establecidos única y exclusivamente para hacer prevalecer una estratificación social y un sistema de organización social firmemente asentado sobre la base de cada cual ocupe el lugar que tiene asignado. De esta forma, la estadística predice, señala y confirma el destino de cada uno a través de la constante reducción a factores numéricos de la compleja vida de cualquier joven. En el ámbito de la salud, los datos determinan quién tiene derecho a recibir un tratamiento y quién queda desahuciado. Determina quién debe ser considerado como sujeto de riesgo en función de si cumple con los criterios establecidos para actuar en consecuencia. Especialmente, en lo tocante a la salud mental (extendido a todo ese universo de las llamadas ciencias psi) es donde se manifiesta en toda su plenitud el factor estadístico. Permite clasificar a todos los sujetos en categorías, muchas veces totalmente inventadas con el único propósito de patologizarnos; la desfachatez llega al punto en que para decidir si uno sufre alguna enfermedad de este tipo se basan en una simple cuestión de número: si se cumplen un porcentaje aleatorio de criterios estás o no enfermo. También en lo social muchas veces se impone el criterio estadístico. De esta forma se decide quién puede recibir la limosna del Estado o quién debe acudir directamente a la caridad religiosa. Se decide quién está en riesgo o no, o quién es apto para la vida en sociedad y quién no.


Todo se reduce a una cuestión numérica porque en eso nos hemos convertido. Esos números nos definen, nos catalogan y nos ubican en el lugar que nos corresponde. A través de este tratamiento estadístico se obtiene la uniformidad social y la estratificación bien definida que todo Estado necesita para su buen funcionamiento democrático. Es decir, que las ovejas sigan obedeciendo al pastor y que las que no lo hagan sean tratadas como lo que son: descarriadas y, por tanto, abocadas al ostracismo y finalmente, al matadero. Los datos alimentan la disciplina social, la nutren y la engrasan para su buen funcionamiento. Conocer los datos nos da la certeza de saber hacia dónde quieren que nos dirijamos y, por tanto, nos indica cómo debemos actuar. También acrecientan nuestros miedos. Miedo a quedar excluido, miedo a ser diferente a no pasar inadvertido, miedo a sufrir las consecuencias, miedo a morir en vida. Frente a esos miedos, la subordinación, la sumisión y el mantenimiento del orden aparecen ante nuestros ojos como la mejor opción para mantenernos en pie. Lamentablemente, no parece que seamos conscientes de que mantenerse en pie en este lodazal en el que vivimos nos conduce inevitablemente al agujero infecto en el que es imposible desarrollar nada mínimamente humano. 


domingo, 7 de junio de 2020

La muerte de la ciencia


Por Alvin Reyes

Al día de escribir estas líneas los contagios del COVID 19 eran más de 6 millones y las muertes rondan las 390 000, a esas víctimas mortales de la enfermedad se le debe sumar otra, aun más importante: la ciencia.

Si, decreto la muerte de la ciencia; es que estaba muerta hace tiempo lo que pasa es que el cadáver ahora es que empieza a heder.

La base de la ciencia es la filosofía, la búsqueda de los fenómenos y las causas que los producen. Observamos algo, un hecho tangible que ocurre; Galileo enseñó un método para elaborar una serie de patrones hasta llegar a establecer una verdad objetiva. Luego vino la matemática de Newton, los descubrimientos de Faraday, las ecuaciones de Maxwell, la física de Planck, la mecánica cuántica de mi admirado Schrödinger. Seres humanos que aparte de científicos eran tambien filósofos. Buscaban la explicación del mundo, de la naturaleza, del universo. A medida que avanzaban, sus descubrimientos cientificos se fueron transformando, via la tecnología en aplicaciones prácticas que mejoraron la vida diaria.

Sin muchos detalles y sin investigación me sospecho que la enfermedad que llevó a la ciencia a la muerte se inició con el proyecto Manhattan. EEUU encerró un grupo de científicos en un desierto y les dio un plazo para hacer una bomba de violencia cósmica (El término es de Henry Adams). Ahí no hubo investigación científica,  la ciencia se puso al servicio de la política, de la guerra y de los generales. Desde entonces los científicos dejaron de ser hombres de ciencia para convertirse en empleados del Complejo Militar Industrial. Esto no desmiente otra verdad: la guerra siempre ha sido un factor que incentiva, desata y libera fuerzas intelectuales necesarias para que un bando trate de imponer su superioridad en el conflicto. Al margen de esta realidad, los filosofos y hombres de ciencia continuaban reflexionando, estudiando e investigando con la mayor libertad y no por encargo de corporaciones ni estructuras de poder.

Luego las corporaciones siguieron el mismo patrón. Contrataron científicos y les dijeron, entre otras cosas, “No me investiguen nada, hagan un procesador más rápido que el de la competencia o más rápido que el nuestro propio.” “olvídense de la filosofía quiero un celular que tenga más memoria, pantalla táctil, reconocimiento facial, etc.”. “No más desarrollo de medicamentos que curen enfermedades, necesitamos  medicamentos que hagan los pacientes dependientes el resto de su vida”. (Esta última me la dijeron a mí mismo)  No queremos productos que duren para toda la vida sino que sean perecederos. Ahí está el negocio.

La muerte de la ciencia es tan evidente que los científicos no han hablado durante la pandemia. Los Trump, los Putin, los Bolsonaro, el jefe de la OMS y otros que más parecen o son políticos que hombres de ciencia. Todos hablando sandeces, dando palos a ciegas. Que si el calor hará que el virus muera en junio, se publicó un trabajo negando lo efectos de la hidroxicloroquina y luego el trabajo se retiró por no haber pasado por las revisiones científicas establecidas, que si el virus mutará dentro de unos meses, que si el aplanamiento de la curva (como si ella sola se fuera a aplanar por si misma). La verdad es que no saben nada. Ah, perdón, algo saben, nos han metido mascarillas, guantes y otros insumos de protección y nos han llenado de miedo y han jodido hasta su propia economía.

Esta pandemia ha demostrado que nos gobiernan los tipos listos, no los inteligentes los ambiciosos, no los sabios y los que una vez fueron científicos y filósofos son ahora empleados del gobierno y de  las corporaciones. Ya no orientan ni son referente, obedecen y se someten al poder in cuestionar su legitimidad ni la causa que sirven: no tienen voz ni voto, solo les importa un cheque grande a fin de año.

El Señor de los cristianos nos agarre confesados.

domingo, 31 de mayo de 2020

Nuevo: El mito de la maquina, videos en You Tube


…Y PERDONANOS NUESTRAS DEUDAS

Alvin Reyes
El título que precede estas líneas esta tomado del libro…and forgive them their debts del historiador y economista Michael Hudson. El libro lo estudié en el 2019 y entiendo que ahora cobra una notable actualidad. Por qué?
En la antigua Mesopotamia, en época de guerras, sequias, inundaciones, e incluso al inicio de un nuevo reinado, por mandato de los dioses, los reyes perdonaban las deudas e incluso a aquellos ciudadanos que habían sido esclavizados por deudas podían retornar con sus familias. Aclaro que esto solo se hacía con deudas por tierra, impuestos, tarifas. Las deudas comerciales estaban exentas de perdón.
“En vez de causar crisis comerciales, este perdón de las deudas preservó la estabilidad de todas las sociedades del cercano oriente”
Michael Hudson explica que el perdón no estaba motivado por la clemencia de los reyes, Se hacía para evitar que una masa de campesinos empobrecidos pudiera trabajar la tierra y por consiguiente pagar impuestos y llenar el granero de los templos que eran el centro de poder de la época.
“Esto no era un acto utópico, sino un accionar practico desde el punto de vista de restaurar la economía y la estabilidad militar. Reconocían que la acumulación de la deuda la hacía impagable e imposibilitaba que la producción continuara su curso. Por tanto, el perdón estabilizaba la economía”
“En resumen, que el objetivo real del jubileo o perdón de la deuda era restaurar la solvencia de la población como un todo. Muchas proclamaciones además liberaban a los negocios del pago de impuestos y tarifas comerciales. El principal objetivo de esto era político e ideológico. No era crear una sociedad mejor e igualitaria.”
Otro aporte del libro es la descripción de la famosa oración del Padrenuestro. Las religiones cristianas, que todo lo acomodan a su conveniencia, hacen decir a Jesús en sus traducciones “perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Falso. Lo que en verdad Jesús dijo en Mateo 6:12 es “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores”. Jesús se refería a la práctica ancestral de que en los llamados Años del Jubileo se perdonan las deudas. “Y santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis libertad en la tierra a todos sus moradores; ese año os será de jubileo, y volveréis cada uno a vuestra posesión, y cada cual volverá a su familia” Levítico 25:10.
Por qué eso no se puede hacer ahora cuando una pandemia amenaza con destruir los cimientos de todo lo que hemos creado desde las revoluciones industrial, financiera e informática?
En aquellos tiempos, el Rey, el palacio, el sacerdote, el templo eran los centros de la economía. En el mundo de hoy del Estado Pequeño, la economía, todas las deudas, todos los medios de producción están en manos del sector privado. Gigantescas corporaciones han tenido de rodillas a los estados convirtiendo las  actividades diarias, salud, educación, vivienda, alimentación en un negocio manejado por capitales especulativos cuyo único motivo es la ganancia.
Acabo de leer que el Presidente Trump liberara 25 000 millones para las líneas áreas que no están volando. Tiene eso alguna lógica? Si todos morimos qué diablos volaran esos aviones. Y ese no es el único caso, crisis tras crisis el Estado acude en ayuda de las corporaciones y no de los ciudadanos. (https://elpais.com/economia/2020-04-14/trump-acuerda-un-rescate-con-las-aerolineas-de-estados-unidos.html)
Tenemos estados que no funcionan porque no están al servicio de la gente, si no de las corporaciones.  La dinámica de la economía mundial se basa en que las deudas son sagradas y que deben pagarse, porque el motor de la economía es el dinero y la codicia. No importan cuantas guerras, pandemias y desastres naturales ocurran; no importa cuantos millones perderán sus empleos, deberán pagar sus deudas y nadie hará caso al padre nuestro “Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores”
Nota Bene: Excepto donde se indique todas las citas entre comillas e itálicas fueron tomadas de: Hudson, Michael…and forgive them their debts: Lending, Foreclosure and Redemption From Bronze Age Finance to the Jubilee Year.ISLET-Verlag. Dresden 2018

Del virus y la máquina

Alvin Reyes

Dime ahora, oh gran hombre
¿De qué te sirven tus máquinas y tus juguetes?
¿Qué significado tienen tus apuestas bursátiles?
¿Tus mercados excluyentes?
¿Tus portaviones de acero y fuego?
¿Tus estadios de futbol reventados de primates?
Los artistas de la frivolidad, ¿para qué sirven ahora?
¿Qué hacen hoy tus youtubers, tus influencers?
Dímelo tú, sacerdote de la máquina.
Si una minúscula partícula enviada acaso por los dioses te ha llevado a la época de las cavernas.
Parecemos cavernícolas que salimos asustados, temerosos de los depredadores
Y luego volver a nuestras cavernas acorralados de terror a la intemperie
¿Dónde quedaron tus sueños de banalidad y éxito?
¿Dónde han quedado tu religión, tu dinero y tus dioses mecánicos?
¿Qué camino recorrerán hoy todos tus mitos sobre el mercado?
¿Ha llegado la hora de reconocer tus errores?
¿O cuando los dioses se calmen volverás de nuevo la espalda al espíritu y te someterás una vez más a la máquina?

domingo, 24 de marzo de 2019

EL TRIUNFO DE LA MAQUINA.


Alvin Reyes

La mayoría de las personas que se han preocupado por los fenómenos sociales han estudiado la historia en términos de sistemas políticos. Hemos creído que la historia es una sucesión de ciclos, cada uno único y que este genera dentro de si las contradicciones que han producido el siguiente, de esta manera el feudalismo produjo las condiciones para el surgimiento del capitalismo y los marxistas profetizábamos que el capitalismo daría paso al socialismo y este evolucionaria, de manera gradual, al comunismo.

Me costó años de estudios y encontrarme con Lewis Mumford entender que solo ha existido un único sistema que ha dominado la humanidad y que ha tomado diferentes formas a través de la historia hasta llegar a la perfección y culminación, al día de hoy, de su triunfo absoluto. El sistema que ha dominado siempre lo llamamos: LA MAQUINA.

¿Qué es la maquina? En “Técnica y Civilización” Mumford explica “Cuando use el término “la maquina” me referiré como una referencia abreviada a todo el complejo tecnológico”[Mumford, Lewis (1971). Técnica y Civilización].Los primeros hombres surgidos de los grupos de cazadores recolectores se convirtieron, por mandato divino, en los primeros reyes de la tierra y fueron estos reyes y faraones los que construyeron la primera gran maquina: La megamáquina, hecha puramente de partes humanas intercambiables. “Sólo los reyes, asistidos por las disciplinas de las ciencias astronómicas y respaldados por las sanciones de la religión, tenían capacidad suficiente para juntar y dirigir esa megamáquina, que era una estructura invisible, compuesta de partes humanas, vivas, pero rígidas, aplicada cada cual a su tarea específica, a su trabajo, a su función, para realizar entre todas las inmensas obras y los grandiosos designios de tan enorme organización colectiva.”[Lewis Mumford (1967). The Myth of the machine].

Luego de que aprendimos a usar esta megamáquina, con el paso del tiempo, las invenciones mecánicas nos fueron dando un dominio absoluto sobre la naturaleza y el resto de los seres vivos; pero al aprender a dominar la naturaleza y ponerla a nuestro servicio aprendimos también a dominar a otros hombres y es desde esa época que datan las primeras guerras en busca de esclavos. Así llegó este sistema mecánico a dominar por completo todas las facetas de la humanidad. Esta megamáquina se alimentaba de la esclavitud y de la conscripción, lo que se lograba no sin gran esfuerzo y a lo largo de la historia están los ejemplos de rebeliones de esclavos que enfrentaron los primeros reyes que dirigieron la megamáquina.

En épocas anteriores para mantener este dominio, como se señala arriba se necesitaba de vigilancia y conscripción para perpetuar el domino de los reyes, emperadores, de los administradores, de  los sacerdotes de la máquina, por eso siempre hubo rebeliones, revoluciones, derrumbes de imperios. Por ejemplo a mediados de los años sesenta el mundo estaba convulso. La guerra fría estaba en su punto más álgido. La guerra de Vietnam quemaba las selvas de Indochina, el conflicto árabe-israelí empezaba para no terminar nunca, América Latina estaba preñada de revoluciones, los marines andaban en las calles de Santo Domingo y, entre otras cosas, se agudizaban las luchas raciales de Estados Unidos. Pero a diferencia de lo que ocurre hoy la gente se preocupaba, pensaba, leía, actuaba. La gente se arriesgaba, daba su vida por lo que creía, Cassius Clay fue a la cárcel por no ir a Vietnam. La máquina necesitaba vigilancia 24 horas sobre sus “enemigos” para poder seguir ejerciendo el dominio.

Pero la tecnología fue avanzando, nuevos métodos de dominio, de control, fueron apareciendo y la máquina empezó a moverse y nos dio la televisión en colores, la minifalda, la píldora anticonceptiva y el cine dejo de ser una obra de arte, convirtiéndose, a la sombra de “La Guerra de las Galaxias”, en un vacío ejercicio de entretenimiento. Más adelante las computadoras personales, el internet y los celulares “inteligentes” lograron que la gente se apartara del mundo, las decisiones que toman los grandes bancos y corporaciones no son cuestionadas por nadie, o por una minoría, mientras los seres humanos danzan en  movimiento monótono y ritual con sus artilugios técnicos y su búsqueda del placer vacío y sin sentido.


“Todo bien” dice la gente creyendo que estar bien es pasarse una noche metido en un bar  compartiendo con amigos a los que no les ve las caras por estar pegados todos a una pantalla. Aquí en dominicana existen dos frases que reflejan hasta donde ha llegado el dominio de la máquina sobre el cerebro: “Hoy se bebe” y “Hoy es viernes y el cuerpo lo sabe” lo demás no importa aunque nuestro país atraviese una de las peores sequias de su historia, mientras sea viernes y se beba a nadie le importa si llueve o no. Y el sexo, ese placer, ese deleite que nos acerca a los dioses, ha perdido todo su misterio para convertirse en un deporte donde ya no se valora el suave placer de las caricias si no la cantidad y potencia de los polvos.

Más allá de las pantallas de los juguetes el mundo se desangra, las selvas se reducen, las guerras aumentan. Y la gente no hace nada. Y en verdad ya no me importa que nadie haga nada, estoy plenamente consciente y convencido de que los seres humanos que pueblan este planeta, con la única excepción de las tribus y de algunas regiones rurales del globo, son un ejército de autómatas fabricados en serie por un sistema eficiente que convierte hombres y mujeres pensantes en imbéciles. El rebaño.

Al prometer placer infinito la maquina se permite mantenerse en funcionamiento, por lo tanto un buen ciudadano modelo debe de ser inconforme y siempre desear más. Si usted tiene varios pares de zapatos y sale un estilo de moda nuevo, no lo piense dos veces, colección de temporada, cómprese los nuevos. La máquina seguirá respirando y así el año que viene o en seis meses lo sorprenderá con unas zapatillas de ensueño. Sea un buen cordero y cómprelas.

El miembro del rebaño no puede ser un conformista. No es posible que usted posea un Iphone 5  cuando ya está el 7 en el mercado. El cordero debe ser el motor, debe hacer lo necesario para mantener el ritmo de desarrollo de la máquina no importa que su auto 2015 este en buenas condiciones, su deber es cambiar al modelo 2019.

Bajo estas condiciones la máquina ya no necesita más vigilancia, la sociedad de control está establecida sobre nuestra propia complicidad. Imitamos valores que nos imponen el cine y la industria de la música, los jóvenes que andan por nuestras calles parecen maniquíes rodantes disfrazados de los esquemas impuestos por los artistas que idolatran.

Nunca como ahora la sociedad había sido tan opulenta sin embargo esta también es la época de mayor desigualdad en la historia, estamos en guerra los 365 días al año, el planeta por todos lados está herido de contaminación, las enfermedades como el cáncer, el Alzheimer y la diabetes arropan a los seres humanos de las prosperas urbes occidentales. No existe ninguna salida para esto salvo la que imponga la máquina, si ella entiende que un exterminio de media población es necesario para su supervivencia, ese extermino habrá de ocurrir, sucederá no lo que algunos deseamos que ocurra, será lo que decida la máquina, para ello ha triunfado.


domingo, 22 de julio de 2018

Del mito de la máquina al de la vida

Por Septem Nostra. Publicado originalmente en El Faro de Ceuta

La semana pasada dediqué una mañana a pasear por el Monte Hacho. Me gusta ir, cuando puedo, a contemplar el amanecer. En ese instante, decían los alquimistas, el spiritus mundi es muy intenso y puedes aprovecharlo para mejorar tu salud y tu creatividad. Mi sitio preferido para ver la salida del sol es la sirena de Punta Almina. Desde aquí puedes captar la inmensidad del Mediterráneo y soñar con el esplendor de las civilizaciones que dominaron este mar interior cuya principal entrada y salida es el Estrecho de Gibraltar. La belleza es un eficaz bálsamo para el alma, demasiado afectada por toda la inquina a la que nos enfrentamos en el día a día. Necesitamos, o al menos yo lo necesito, una dosis diaria de aire puro y belleza. Por desgracia, ambos ingredientes imprescindibles para una vida digna son difíciles de encontrar en las grandes concentraciones urbanas. En Ceuta somos unos afortunados de vivir en un territorio con tanta belleza y magia. No la tratamos bien, por mucho que no sean pocos los que se dan grandes golpes de pecho diciendo que la aman.
En el paseo que les comentaba anduve por la cala del Desnarigado. Tuve el privilegio de desayunar mirando al curvo horizonte desde el altozano que sostiene el fuerte del mismo nombre que la playa. Luego bajé hasta la orilla para darme un baño y disfrutar de la belleza de este paraje. Estaba sólo. Así que me sentí el hombre más rico del mundo. Podía absorber la magia de este lugar en la más absoluta soledad. Esta no es una playa de uso masivo, y menos a esta hora temprana. Es un lugar bellísimo, cerrada por una muralla del siglo XVIII y con un castillo que desde lo alto lo vigila. Su pedregosa orilla repele a muchos bañistas, pero a mí me atrae este símbolo de autenticidad y salvajismo. Hace unos años un ignorante consejero de Medio Ambiente propuso domesticar esta playa vertiendo arena fija, pero se encontró con una fuerte oposición ciudadana de lo que nosotros formamos parte. Este rechazo cívico le llevó a desistir de esta descabellada idea. Nunca hay que bajar la guardia.
Tras mi refrescante baño me adentré en los acantilados que se abren a partir del extremo occidental de la cala del Desnarigado. Todo estaba lleno de basura. Allí donde el ser humano actual pisa deja un rastro de residuos. El carácter sagrado de la naturaleza es continuamente profanado. Muchos seres humanos dejan testimonio de su verdadero carácter en su comportamiento con la naturaleza. Aquellos que sólo tienen en su mente y en su cuerpo basura esto mismo es lo que dejan a su paso. La naturaleza está hecha para ser contemplada y amada, para emocionarnos y estimular nuestra imaginación. Estos afilados acantilados son las columnas que sostienen un templo llamado Abyla y las cuevas abiertas por el mar en los duros gneiss del Hacho son criptas sagradas para rendir culto a la Gran Diosa. Las arboledas dispersas en este mágico monte son las residencias de las hiadras y las calas son los palacios de las ninfas. Las blancas gaviotas son espuma de mar transformadas en aves por los dioses para que sirvan de guardianes del templo. El incienso en este espacio sagrado huele a mar y a algas.
La mayoría de las personas han perdido la capacidad de apreciar la belleza. Sus sentidos están tan dormidos como sus conciencias. Esta mecanicista sociedad no hace más que mutilar los atributos que nos hacen humanos, como el gusto por lo bello, el despliegue de la imaginación creativa, el cultivo de la sabiduría o el amor por nuestros semejantes y por todas las criaturas de la naturaleza. Todos estos elementos son extirpados para facilitar el injerto del afán de placer, poder y dinero, es decir, todo aquello que facilita el mantenimiento y extensión del sistema capitalista. A muchos les resulta inimaginable un mundo sin pantallas, móviles u otros dispositivos electrónicos que bien usados pueden facilitar la comunicación entre los seres humanos, pero con su abuso incentivado no hacen más que aislarnos, embrutecernos y volvernos más idiotas.
La imagen que mejor descrito al ser humano actual es un personaje sosteniendo un móvil en la mano y con la otra comiendo o bebiendo y dejando un rastro de basura a su paso. No hay celebración multitudinaria que no acabe en una montaña de basura. Podríamos poner miles de ejemplos, de los que ahora vienen a mi mente destaco el estado de las playas tras la celebración de la noche de San Juan o la situación del campo después del día de la Mochila. A estos acontecimientos esporádicos se añaden la cotidianidad de la enorme cantidad de residuos que “decoran” cada rincón del Poblado Marinero los fines de semana. Hay otros a los que les gusta ir a tomarse algo a la playa por la noche con el coche y se ve que les resulta un esfuerzo insuperable recoger la basura y depositarlas en el contenedor más cercano. De su ensuciadora visita quedan testimonio en lugares tan bellos como la cala del Desnarigado y, en general, todo el litoral. Los plásticos son arrastrados por las olas y afectan de manera muy grave a los ecosistemas marinos.
En estas horas de soledad en la naturaleza pienso mucho en las posibles soluciones a la deriva destructora de la tierra que ha tomado la humanidad. Creo que el primer paso sería liberarnos de la servidumbre del placer, el poder y el éxito. Consciente de que tales deseos son innatos en el ser humano, todas las culturas y civilizaciones inculcaron el sentido del deber cívico a través de la educación. Tal y como comentaba Joseph Campbell, el principal motivo de la educación en las culturas antiguas y orientales no ha sido tanto la acumulación de conocimientos, como el esfuerzo de comprometer los sentimientos del individuos en los asuntos de mayor interés para el grupo local. La experiencia de las primeras agrupaciones sociales demostró que el pensamiento no socializado y el egocentrismo constituían una grave amenaza para la armonía del grupo. En este contexto, destacaba Campbell, “la función principal de todo mito y ritual ha sido y continuará siendo comprometer al individuo tanto emocional como intelectualmente en la organización local”. Estos mitos se hicieron especialmente eficaces cuando tomaron como referencia la armonía natural de la naturaleza y el cosmos. Al fijarse en las estrellas la mente humana quedó subyugada ante el temor reverencial por el misterio que percibían sus sentidos.
La ciencia ha hecho que perdamos el temor ante los misterios de la naturaleza y del universo, pero la necesidad de un mito que contenga la irracionalidad del ser humano es más urgente que nunca. Llevamos muchos siglos presas del mito de la máquina, -cuyas claves fueron extensamente estudiadas y expuestas por Lewis Mumford-, y es hora de que nos liberemos de este dañino mito para facilitar la emergencia de uno mucho más benévolo: el mito de la vida. Del miedo ante la incontenible fuerza de la naturaleza debemos pasar a la fascinación por el gran milagro que es la vida. “La vida no es un problema que tiene que ser resuelto”, escribió Kierkegaard, “sino una realidad que debe ser experimentada”. Si algo debería darnos miedo es a la posibilidad de morir sin haber vivido de una manera plena.
En la naturaleza podemos encontrar fuentes de placer mucho más intensas que en el consumo de bebidas energéticas o alcohólicas, así como una riqueza divina, duradera e imperecedera, similar a la que hallaron Henry David Thoreau en el lago Walden o John Muir en las montañas de Yosemite. Me gustaría terminar este artículo reproduciendo una anotación del diario de John Muir que hizo un día como hoy, 19 de julio, de 1869 en Yosemite : “…Poco pueden decir a aquellos que nunca han visto un ámbito salvaje como este ni han aprendido a leerlo como que se aprende un idioma. Aquí arriba no hay dolor, no hay horas vacías y grises, no hay miedo al pasado ni temor hacia el futuro. Estas montañas benditas están tan repletas de belleza de Dios que no dejan hueco a ninguna esperanza o experiencia personal. Beber esta agua de champán es un puro placer, al igual que respirar su aire vivificante” (John Muir, “Escritos sobre la naturaleza”, editorial Capitán Swing, 2018).

viernes, 4 de mayo de 2018

El mito de las máquinas omnipotentes

Por . Publicado originalmente en El Pais


Rodney Brooks, uno de los padres de la robótica moderna (director desde 2004 hasta 2007 del famoso Laboratorio de Informática e Inteligencia Artificial del MIT) y creador de iRobot, la empresa con más beneficios en el sector hasta la fecha, dijo hace unas décadas: “Me han llamado conservador por decir que es probable que los robots no conquisten el mundo”.

Frente a algunas celebridades científicas y a la ciencia-ficción —que auguran un futuro catastrófico en el que la tecnología nos ha consumido—, los científicos e ingenieros que trabajamos en los sectores de la robótica y la inteligencia artificial (AI, en inglés) nos mostramos mucho más escépticos sobre el supuestamente desproporcionado auge de esas tecnologías en años venideros. ¿A qué se debe esta divergencia de opiniones tan marcada? Quienes auguran una catástrofe se basan en una premisa errónea: dan por hecho que, si la capacidad de proceso de las máquinas se dobla aproximadamente cada dos años (Ley de Moore), sucederá lo mismo con la inteligencia artificial. Pero esto no es así.Cuando oímos hablar sobre cómo la inteligencia artificial va a revolucionar el mundo, se trata normalmente de un tipo de AI muy específica: un conjunto de técnicas que tienen como único fin perfeccionar una tarea concreta. Estas técnicas no son nuevas, hace tiempo que funcionan (por ejemplo, los programas que juegan al ajedrez). Pero nuevas herramientas como Internet o los smartphones generan grandes cantidades de datos valiosos que pueden combinarse con estas técnicas. Esta mezcla ha contribuido al desarrollo de productos como Siri (aplicación telefónica con funciones de asistente personal)Nest (aplicación domótica). Todo esto promete desarrollar una economía más eficiente y próspera, donde, por ejemplo, los algoritmos se conviertan en verdaderos expertos a la hora de realizar tareas específicas y se supere el error humano.

Pero la posibilidad de que los científicos e ingenieros dedicados a la AI logremos erradicar algunos errores humanos no significa que seamos capaces de eliminar los errores propios de las máquinas. En un sector sin regulación, ni estándares de diseño, el sentido común del ser humano sigue siendo necesario para poder llevar a cabo incluso hasta las tareas más sencillas fuera de un laboratorio. Uno de los ejemplos más claros es el de las terminales de facturación en los aeropuertos. Aunque se hayan reducido las colas de facturación, sigue siendo necesario que un operario de la aerolínea compruebe qué pasa cuando la máquina no funciona correctamente. 

Lo mismo sucede cuando un robot nos contesta al llamar a un número de atención al cliente y queremos que nos atienda un operador de carne y hueso. La única solución a muchos de nuestros problemas parece que sigue siendo el sentido común (humano) y no solo la rapidez o conveniencia de un algoritmo. Por ello, expertos como el profesor Ken Goldberg empiezan a vislumbrar un futuro en el que en lugar de que los humanos hablemos con los robots, serán los robots quienes nos llamen para pedir consejo ante una situación que no saben resolver.

Por otro lado, la AI que vemos reflejada en películas o novelas tiene un componente mucho más generalista. La conciencia cibernética que retratan (y que casi siempre se acaba dando cuenta de que no somos tan útiles como especie) tiene la rara capacidad de generalizar, es decir, de pasar de la resolución de un problema (jugar al ajedrez) a otro completamente distinto (dominar el mundo). En la actualidad, estamos muy lejos de este tipo de sistema generalista, ya que las máquinas (por muy complejas que sean) siguen siendo incapaces de entender los problemas a los que se enfrentan (ningún ordenador es capaz de contestar a esta pregunta: ¿sabes lo que estás haciendo?). Nuevos avances en diversas disciplinas tales como la informática, la física e, incluso, la biología y neurociencia serán necesarios para romper las barreras que nos impiden conseguir la generalización de la AI. Algo que no parece demasiado factible a corto o medio plazo.

Pero es posible que esta sea la era en que la AI pase de ser un problema exclusivo del mundo de las ciencias de la computación a ser una cuestión que tenga que ser abordada por otros campos como la filosofía, la economía o la política. Expertos de todo el mundo vaticinan que el auge de estas tecnologías producirá “sociedades laborales de extremos”, en las que solo los ejecutivos que toman las decisiones de alto nivel y los trabajadores con salarios más bajos podrán justificar su trabajo.

Sin embargo, la AI, como cualquier otra tecnología, ha sido creada por personas y para personas. Y, por ejemplo, la confianza que depositamos en el farmacéutico, la enfermera o el profesor no pueden sustituirse por un algoritmo, por muy rápido o conveniente que este sea.

Es evidente que seguiremos utilizando calculadoras, quizás más rápidas, más fáciles de usar y con más funciones. Pero eso no significa que el que siga apretando los botones no sea un humano de carne y hueso. No olviden que el último mensaje de telégrafo fue enviado en 2014.

Eduardo Castelló Ferrer es investigador posdoctoral, especializado en robótica, en el Massachusetts Institute of Technology (MIT).


lunes, 25 de septiembre de 2017

Ricardo Corazón de León, Saladino y los lideres actuales

Alvin Reyes

Hay gente que cree que el mundo se fundó el 11 de septiembre del 2001. Estas personas solo creen lo que les dicen las cadenas de noticias occidentales y ni siquiera se dan cuenta de que, como escribió A. T.  Olmstead en su “Histoy of the Persian empire”, “Cuando Ciro entró en Babilonia, en el año 359 a. de c., el mundo ya era viejo”. Despreciando todo lo que, según ellos, huele a viejo se creen que es verdad que estamos en el punto más alto de la civilización y que hemos superado a todas las anteriores. En realidad si vamos a hablar de comunicación en el espacio-tiempo, si pensamos en los avances de la medicina y en toda la ciencia de la computación, no hay duda de que en verdad hemos llegando donde ninguna otra sociedad lo ha hecho. Pero cuando planteamos el problema desde el punto de vista del pensamiento humano y la filosofía nos quedamos bien detrás de otras épocas.
Para ilustrar lo que deseo explicar voy traer una parte de la historia que, a mi entender, dio forma a todo lo que ha tenido que ver en las relaciones entre occidente y el mundo musulmán: Las Cruzadas.

El hecho que queremos resaltar ocurrió durante la Tercera Cruzada, conocida como la cruzada de los reyes porque en ella intervinieron: Felipe II de Francia, Ricardo I de Inglaterra "Corazón de León" y Federico I Barbarroja. El último murió ahogado cruzando el rio Saleph y el primero se retiró luego de la toma de Acre debido una disputa con Ricardo Corazón de León.  Luego de la captura de Acre Ricardo siguió hacia la ciudad de Jaffa derrotando a Saladino. Luego el líder musulmán reconquistó la ciudad para luego volver a ser derrotado por Ricardo. Entonces el 2 de septiembre de 1192, Ricardo I y Saladino firmaron un tratado en Jaffa, tras la batalla, por el cual los franceses se quedaban con la franja costera entre Jaffa y Tiro a cambio de unas cuantas ciudades para Saladino, las fortificaciones de Ascalon debían demolerse, los peregrinos cristianos podían ir tranquilamente a Jerusalén y se comerciaría sin trabas. Muchos cruzados, una vez firmada la tregua peregrinaron a Jerusalén y visitaron el Santo sepulcro para cumplir su voto antes de regresar a Europa. (http://www.gecoas.com/religion/Trabajos/cruzadas/ricardo.htm)

Aquí viene el punto que quiero destacar: cómo es posible que estos dos enemigos que habían librado múltiples batallas en una época tan remota como el siglo XII pudiesen sentarse y ponerse de acuerdo  y nosotros nueve siglos después lo que escuchamos todos los días por los medios de comunicación son palabras y amenazas de desatar la violencia cósmica. Estos dos colosos de la historia después de una lucha a sangre y fuego se pusieron de acuerdo y hoy estos llamados líderes del mundo actual, con su ONU y todo, no son capaces de ponerse de acuerdo en nada. Y lo peor es que los musulmanes y europeos de aquel tiempo no podían acabar el mundo con sus armas aunque quisieran pero hoy basta un botón para sumir el planeta en la oscuridad. Como he escrito en otras ocasiones estos líderes miopes de la actualidad se están comportando con la misma torpeza que aquellos que condujeron el mundo a la catástrofe de 1914. Faltos de visión, sin otro horizonte que el enriquecimiento y el saqueo estos jerarcas de la actualidad no están a la par del crecimiento tecnológico presente en el mundo de hoy, faltos de una filosofía de vida su único objetivo es el triunfo de su visión economicista del mundo.

viernes, 11 de agosto de 2017

La máquina y la guerra: Aníbal Barca

Alvin Reyes

Cuando se habla de grandes estrategas militares y de generales de la historia se piensa enseguida en Alejandro Magno, en Julio Cesar, en Napoleón, en Eisenhower,  en Montgomery y en Patton. Pero es muy posible que solo unos pocos piensen en Aníbal, el cartaginés, protagonista de una de las hazañas militares más audaces de la historia.

Las Guerras Púnicas fueron una serie de tres guerras libradas entre los romanos y los cartagineses alrededor de los 246 a los 146 a. de c. por causa del choque de intereses de ambos imperios. La segunda de estas dos guerras es famosa por haberse producido en el transcurso de ella la hazaña a la que haremos referencia.

Luego de salir derrotada en la Primera Guerra Púnica Cartago estaba en la obligación de pagar indemnizaciones de guerra a Roma. Esto la llevó a invadir las ricas tierras de Hispania. Amílcar Barca ocupó el sur de la península Ibérica y luego de su muerte le sucedió su hijo Aníbal, con apenas 22 años. La frontera pactada entre Roma y Cartago era el rio Ebro pero Aníbal atacó Sagunto, una aliada de Roma y esta le declaró la guerra a Cartago. Los romanos pensaron en enfrentarse  a su enemigo en la Península Ibérica. Pero Aníbal diseñó un plan más ambicioso para el sometimiento de Roma.

“A la cabeza  de un heterogéneo ejército, en el que figuraban africanos, iberos y hombres procedentes de otras tribus hispanas, mercenarios griegos, celtas, etc., con un total de 90,000 infantes y 9.000 jinetes, además de 38 elefantes, se propuso bordear la costa, subiendo hacia el Norte. Su objetivo era Italia.” (1)

Al llegar a los Pirineos una parte de sus aliados le abandonó quedando sus fuerzas reducidas a 50 000 infantes y 9 000 jinetes y mientras avanzaba de manera inexorable en su camino hacia Roma sus fuerzas continuaron disminuyendo. Los infantes ya no eran más que unos 20.000, y los jinetes, solo 6.000 y aun no se había librado la primera batalla. A su encuentro salió Publio Cornelio Escipion (El Africano) siendo derrotado por la caballería númida de Aníbal. Escipion se retiró para unirse a su colega Sempronio Longo pero este último decidió presentar solo batalla a los cartagineses siendo derrotados y escapando el propio Sempronio de milagro.

“Aníbal pasó los meses de invierno  reclutando soldados. Llegada la primavera, quiso forzar los pasos de los Apeninos. Era la ruta más fácil hacia Roma. Las gargantas de las montanas se encontraban en el territorio de poblaciones galas o ligures, cuya fidelidad a Roma era más que dudosa. Tuvo que caminar a través de pantanos, que pusieron a dura prueba a sus hombres y animales de carga, así como a los elefantes. El propio Aníbal perdió un ojo.”

Los romanos prepararon dos ejércitos uno al mando de Servilio y el otro de C. Flaminio. Un tercero estaba al mando de Sempronio Longo. Flaminio debía esperar la unión de los tres ejércitos pero no tuvo paciencia y se lanzó en persecución de los cartagineses pero fue sorprendido y su ejército resultó aniquilado. Luego de esta batalla Aníbal se dedicó a reponer fuerzas, hombres y caballos estaban cansados y enfermos. Luego llegó a las costas del Adriático y se dedicó a recorrer estos países con el objetivo de atraerse sus habitantes a su causa. Mientras, los romanos habían elegido dictador  a Fabio Máximo, un general experimentado. Fabio salió a campaña. Su plan consistía en aislar a Aníbal, en someterle al hambre, si era posible, y en impedirle recibir ayuda de las poblaciones italianas. El propio Fabio, con el ejército seguía a Aníbal tan de cerca como podía, sin entablar combate nunca.

 “Aníbal se inquieta. Comprende que, ahora, el tiempo que pasa le aleja cada vez más de una decisión final y, para emprender, al menos, alguna operación importante, decide atacar la Campania. Quizás allí encontraría aquel espíritu de rebelión contra Roma que el trataba de estimular, en cierto modo, por todas partes, aunque, hasta entonces, sin gran éxito. Así, a comienzos del año 216, Aníbal hizo la primera tentativa en dirección a Capua. Pero Fabio logro rodearle en los desfiladeros próximos a Cales, y Aníbal pudo escapar solo gracias a una estratagema.

Sin embargo, la dictadura de Fabio llego a su fin y recibieron el mando los dos cónsules del 216, L. Emilio Paulo y C. Terencio Varron. Si el primero prefería la táctica prudente de Fabio, el segundo era tan imprudente como lo fuera Flaminio. Y, dejándose llevar por Aníbal a las llanuras de la Apulia, libró el combate en campo abierto, cerca de Canas, en las orillas del rio Aufido, el 2 de agosto del 216. Una vez más los romanos fueron destrozados. Emilio Paulo pereció, y Varron huyó y se refugió en Venusia. Las mejores legiones de Roma estaban aniquiladas. Y, como ineluctable consecuencia de la derrota, Capua se declaró por Aníbal.

Los retóricos antiguos gustaban de proponer a sus alumnos la composición de un discurso dirigido a Aníbal, después de Canas, exhortándole a marchar sin demora sobre Roma. El propio jefe de su caballería, Maharbal, le animaba a ello. Aníbal no quiso seguir aquel consejo y se asegura que después lo lamentó. Pero tal vez Roma no habría sido la presa fácil que muchos imaginaban. Defendida con sus murallas, que se extendían en una longitud de unos 7 kilómetros, difícilmente podía ser bloqueada de un modo eficaz. Tampoco estaba Roma desprovista de tropas, y Aníbal sabía muy bien, por experiencia, que las colonias eran capaces de reclutar legiones para socorrerla.”

Todavía se debate si Aníbal debió atacar Roma o no, se alega que su ejército carecía de las máquinas de asedio necesarias para el sitio. en mi opinión es posible que si lo hubiese intentado habría perecido en la faena. Pero aun así el cartaginés será recordado como el más grande enemigo que haya tenido Roma, más aun que el que la sitió Alarico. Una sola batalla perdió Aníbal frente a los romanos, la de Zama (202 a. de c.), a manos de Escipion el Africano, pero esa es otra historia.

(1)   Las itálicas corresponden a:

Grimal, Pierre. El Helenismo y el auge de Roma. El mundo mediterráneo en la edad antigua II.  Siglo XXI editores. Ed. Marzo 2009. Pág. 317-321.