viernes, 4 de mayo de 2018

El mito de las máquinas omnipotentes

Por . Publicado originalmente en El Pais


Rodney Brooks, uno de los padres de la robótica moderna (director desde 2004 hasta 2007 del famoso Laboratorio de Informática e Inteligencia Artificial del MIT) y creador de iRobot, la empresa con más beneficios en el sector hasta la fecha, dijo hace unas décadas: “Me han llamado conservador por decir que es probable que los robots no conquisten el mundo”.

Frente a algunas celebridades científicas y a la ciencia-ficción —que auguran un futuro catastrófico en el que la tecnología nos ha consumido—, los científicos e ingenieros que trabajamos en los sectores de la robótica y la inteligencia artificial (AI, en inglés) nos mostramos mucho más escépticos sobre el supuestamente desproporcionado auge de esas tecnologías en años venideros. ¿A qué se debe esta divergencia de opiniones tan marcada? Quienes auguran una catástrofe se basan en una premisa errónea: dan por hecho que, si la capacidad de proceso de las máquinas se dobla aproximadamente cada dos años (Ley de Moore), sucederá lo mismo con la inteligencia artificial. Pero esto no es así.Cuando oímos hablar sobre cómo la inteligencia artificial va a revolucionar el mundo, se trata normalmente de un tipo de AI muy específica: un conjunto de técnicas que tienen como único fin perfeccionar una tarea concreta. Estas técnicas no son nuevas, hace tiempo que funcionan (por ejemplo, los programas que juegan al ajedrez). Pero nuevas herramientas como Internet o los smartphones generan grandes cantidades de datos valiosos que pueden combinarse con estas técnicas. Esta mezcla ha contribuido al desarrollo de productos como Siri (aplicación telefónica con funciones de asistente personal)Nest (aplicación domótica). Todo esto promete desarrollar una economía más eficiente y próspera, donde, por ejemplo, los algoritmos se conviertan en verdaderos expertos a la hora de realizar tareas específicas y se supere el error humano.

Pero la posibilidad de que los científicos e ingenieros dedicados a la AI logremos erradicar algunos errores humanos no significa que seamos capaces de eliminar los errores propios de las máquinas. En un sector sin regulación, ni estándares de diseño, el sentido común del ser humano sigue siendo necesario para poder llevar a cabo incluso hasta las tareas más sencillas fuera de un laboratorio. Uno de los ejemplos más claros es el de las terminales de facturación en los aeropuertos. Aunque se hayan reducido las colas de facturación, sigue siendo necesario que un operario de la aerolínea compruebe qué pasa cuando la máquina no funciona correctamente. 

Lo mismo sucede cuando un robot nos contesta al llamar a un número de atención al cliente y queremos que nos atienda un operador de carne y hueso. La única solución a muchos de nuestros problemas parece que sigue siendo el sentido común (humano) y no solo la rapidez o conveniencia de un algoritmo. Por ello, expertos como el profesor Ken Goldberg empiezan a vislumbrar un futuro en el que en lugar de que los humanos hablemos con los robots, serán los robots quienes nos llamen para pedir consejo ante una situación que no saben resolver.

Por otro lado, la AI que vemos reflejada en películas o novelas tiene un componente mucho más generalista. La conciencia cibernética que retratan (y que casi siempre se acaba dando cuenta de que no somos tan útiles como especie) tiene la rara capacidad de generalizar, es decir, de pasar de la resolución de un problema (jugar al ajedrez) a otro completamente distinto (dominar el mundo). En la actualidad, estamos muy lejos de este tipo de sistema generalista, ya que las máquinas (por muy complejas que sean) siguen siendo incapaces de entender los problemas a los que se enfrentan (ningún ordenador es capaz de contestar a esta pregunta: ¿sabes lo que estás haciendo?). Nuevos avances en diversas disciplinas tales como la informática, la física e, incluso, la biología y neurociencia serán necesarios para romper las barreras que nos impiden conseguir la generalización de la AI. Algo que no parece demasiado factible a corto o medio plazo.

Pero es posible que esta sea la era en que la AI pase de ser un problema exclusivo del mundo de las ciencias de la computación a ser una cuestión que tenga que ser abordada por otros campos como la filosofía, la economía o la política. Expertos de todo el mundo vaticinan que el auge de estas tecnologías producirá “sociedades laborales de extremos”, en las que solo los ejecutivos que toman las decisiones de alto nivel y los trabajadores con salarios más bajos podrán justificar su trabajo.

Sin embargo, la AI, como cualquier otra tecnología, ha sido creada por personas y para personas. Y, por ejemplo, la confianza que depositamos en el farmacéutico, la enfermera o el profesor no pueden sustituirse por un algoritmo, por muy rápido o conveniente que este sea.

Es evidente que seguiremos utilizando calculadoras, quizás más rápidas, más fáciles de usar y con más funciones. Pero eso no significa que el que siga apretando los botones no sea un humano de carne y hueso. No olviden que el último mensaje de telégrafo fue enviado en 2014.

Eduardo Castelló Ferrer es investigador posdoctoral, especializado en robótica, en el Massachusetts Institute of Technology (MIT).


lunes, 25 de septiembre de 2017

Ricardo Corazón de León, Saladino y los lideres actuales

Alvin Reyes

Hay gente que cree que el mundo se fundó el 11 de septiembre del 2001. Estas personas solo creen lo que les dicen las cadenas de noticias occidentales y ni siquiera se dan cuenta de que, como escribió A. T.  Olmstead en su “Histoy of the Persian empire”, “Cuando Ciro entró en Babilonia, en el año 359 a. de c., el mundo ya era viejo”. Despreciando todo lo que, según ellos, huele a viejo se creen que es verdad que estamos en el punto más alto de la civilización y que hemos superado a todas las anteriores. En realidad si vamos a hablar de comunicación en el espacio-tiempo, si pensamos en los avances de la medicina y en toda la ciencia de la computación, no hay duda de que en verdad hemos llegando donde ninguna otra sociedad lo ha hecho. Pero cuando planteamos el problema desde el punto de vista del pensamiento humano y la filosofía nos quedamos bien detrás de otras épocas.
Para ilustrar lo que deseo explicar voy traer una parte de la historia que, a mi entender, dio forma a todo lo que ha tenido que ver en las relaciones entre occidente y el mundo musulmán: Las Cruzadas.

El hecho que queremos resaltar ocurrió durante la Tercera Cruzada, conocida como la cruzada de los reyes porque en ella intervinieron: Felipe II de Francia, Ricardo I de Inglaterra "Corazón de León" y Federico I Barbarroja. El último murió ahogado cruzando el rio Saleph y el primero se retiró luego de la toma de Acre debido una disputa con Ricardo Corazón de León.  Luego de la captura de Acre Ricardo siguió hacia la ciudad de Jaffa derrotando a Saladino. Luego el líder musulmán reconquistó la ciudad para luego volver a ser derrotado por Ricardo. Entonces el 2 de septiembre de 1192, Ricardo I y Saladino firmaron un tratado en Jaffa, tras la batalla, por el cual los franceses se quedaban con la franja costera entre Jaffa y Tiro a cambio de unas cuantas ciudades para Saladino, las fortificaciones de Ascalon debían demolerse, los peregrinos cristianos podían ir tranquilamente a Jerusalén y se comerciaría sin trabas. Muchos cruzados, una vez firmada la tregua peregrinaron a Jerusalén y visitaron el Santo sepulcro para cumplir su voto antes de regresar a Europa. (http://www.gecoas.com/religion/Trabajos/cruzadas/ricardo.htm)

Aquí viene el punto que quiero destacar: cómo es posible que estos dos enemigos que habían librado múltiples batallas en una época tan remota como el siglo XII pudiesen sentarse y ponerse de acuerdo  y nosotros nueve siglos después lo que escuchamos todos los días por los medios de comunicación son palabras y amenazas de desatar la violencia cósmica. Estos dos colosos de la historia después de una lucha a sangre y fuego se pusieron de acuerdo y hoy estos llamados líderes del mundo actual, con su ONU y todo, no son capaces de ponerse de acuerdo en nada. Y lo peor es que los musulmanes y europeos de aquel tiempo no podían acabar el mundo con sus armas aunque quisieran pero hoy basta un botón para sumir el planeta en la oscuridad. Como he escrito en otras ocasiones estos líderes miopes de la actualidad se están comportando con la misma torpeza que aquellos que condujeron el mundo a la catástrofe de 1914. Faltos de visión, sin otro horizonte que el enriquecimiento y el saqueo estos jerarcas de la actualidad no están a la par del crecimiento tecnológico presente en el mundo de hoy, faltos de una filosofía de vida su único objetivo es el triunfo de su visión economicista del mundo.

viernes, 11 de agosto de 2017

La máquina y la guerra: Aníbal Barca

Alvin Reyes

Cuando se habla de grandes estrategas militares y de generales de la historia se piensa enseguida en Alejandro Magno, en Julio Cesar, en Napoleón, en Eisenhower,  en Montgomery y en Patton. Pero es muy posible que solo unos pocos piensen en Aníbal, el cartaginés, protagonista de una de las hazañas militares más audaces de la historia.

Las Guerras Púnicas fueron una serie de tres guerras libradas entre los romanos y los cartagineses alrededor de los 246 a los 146 a. de c. por causa del choque de intereses de ambos imperios. La segunda de estas dos guerras es famosa por haberse producido en el transcurso de ella la hazaña a la que haremos referencia.

Luego de salir derrotada en la Primera Guerra Púnica Cartago estaba en la obligación de pagar indemnizaciones de guerra a Roma. Esto la llevó a invadir las ricas tierras de Hispania. Amílcar Barca ocupó el sur de la península Ibérica y luego de su muerte le sucedió su hijo Aníbal, con apenas 22 años. La frontera pactada entre Roma y Cartago era el rio Ebro pero Aníbal atacó Sagunto, una aliada de Roma y esta le declaró la guerra a Cartago. Los romanos pensaron en enfrentarse  a su enemigo en la Península Ibérica. Pero Aníbal diseñó un plan más ambicioso para el sometimiento de Roma.

“A la cabeza  de un heterogéneo ejército, en el que figuraban africanos, iberos y hombres procedentes de otras tribus hispanas, mercenarios griegos, celtas, etc., con un total de 90,000 infantes y 9.000 jinetes, además de 38 elefantes, se propuso bordear la costa, subiendo hacia el Norte. Su objetivo era Italia.” (1)

Al llegar a los Pirineos una parte de sus aliados le abandonó quedando sus fuerzas reducidas a 50 000 infantes y 9 000 jinetes y mientras avanzaba de manera inexorable en su camino hacia Roma sus fuerzas continuaron disminuyendo. Los infantes ya no eran más que unos 20.000, y los jinetes, solo 6.000 y aun no se había librado la primera batalla. A su encuentro salió Publio Cornelio Escipion (El Africano) siendo derrotado por la caballería númida de Aníbal. Escipion se retiró para unirse a su colega Sempronio Longo pero este último decidió presentar solo batalla a los cartagineses siendo derrotados y escapando el propio Sempronio de milagro.

“Aníbal pasó los meses de invierno  reclutando soldados. Llegada la primavera, quiso forzar los pasos de los Apeninos. Era la ruta más fácil hacia Roma. Las gargantas de las montanas se encontraban en el territorio de poblaciones galas o ligures, cuya fidelidad a Roma era más que dudosa. Tuvo que caminar a través de pantanos, que pusieron a dura prueba a sus hombres y animales de carga, así como a los elefantes. El propio Aníbal perdió un ojo.”

Los romanos prepararon dos ejércitos uno al mando de Servilio y el otro de C. Flaminio. Un tercero estaba al mando de Sempronio Longo. Flaminio debía esperar la unión de los tres ejércitos pero no tuvo paciencia y se lanzó en persecución de los cartagineses pero fue sorprendido y su ejército resultó aniquilado. Luego de esta batalla Aníbal se dedicó a reponer fuerzas, hombres y caballos estaban cansados y enfermos. Luego llegó a las costas del Adriático y se dedicó a recorrer estos países con el objetivo de atraerse sus habitantes a su causa. Mientras, los romanos habían elegido dictador  a Fabio Máximo, un general experimentado. Fabio salió a campaña. Su plan consistía en aislar a Aníbal, en someterle al hambre, si era posible, y en impedirle recibir ayuda de las poblaciones italianas. El propio Fabio, con el ejército seguía a Aníbal tan de cerca como podía, sin entablar combate nunca.

 “Aníbal se inquieta. Comprende que, ahora, el tiempo que pasa le aleja cada vez más de una decisión final y, para emprender, al menos, alguna operación importante, decide atacar la Campania. Quizás allí encontraría aquel espíritu de rebelión contra Roma que el trataba de estimular, en cierto modo, por todas partes, aunque, hasta entonces, sin gran éxito. Así, a comienzos del año 216, Aníbal hizo la primera tentativa en dirección a Capua. Pero Fabio logro rodearle en los desfiladeros próximos a Cales, y Aníbal pudo escapar solo gracias a una estratagema.

Sin embargo, la dictadura de Fabio llego a su fin y recibieron el mando los dos cónsules del 216, L. Emilio Paulo y C. Terencio Varron. Si el primero prefería la táctica prudente de Fabio, el segundo era tan imprudente como lo fuera Flaminio. Y, dejándose llevar por Aníbal a las llanuras de la Apulia, libró el combate en campo abierto, cerca de Canas, en las orillas del rio Aufido, el 2 de agosto del 216. Una vez más los romanos fueron destrozados. Emilio Paulo pereció, y Varron huyó y se refugió en Venusia. Las mejores legiones de Roma estaban aniquiladas. Y, como ineluctable consecuencia de la derrota, Capua se declaró por Aníbal.

Los retóricos antiguos gustaban de proponer a sus alumnos la composición de un discurso dirigido a Aníbal, después de Canas, exhortándole a marchar sin demora sobre Roma. El propio jefe de su caballería, Maharbal, le animaba a ello. Aníbal no quiso seguir aquel consejo y se asegura que después lo lamentó. Pero tal vez Roma no habría sido la presa fácil que muchos imaginaban. Defendida con sus murallas, que se extendían en una longitud de unos 7 kilómetros, difícilmente podía ser bloqueada de un modo eficaz. Tampoco estaba Roma desprovista de tropas, y Aníbal sabía muy bien, por experiencia, que las colonias eran capaces de reclutar legiones para socorrerla.”

Todavía se debate si Aníbal debió atacar Roma o no, se alega que su ejército carecía de las máquinas de asedio necesarias para el sitio. en mi opinión es posible que si lo hubiese intentado habría perecido en la faena. Pero aun así el cartaginés será recordado como el más grande enemigo que haya tenido Roma, más aun que el que la sitió Alarico. Una sola batalla perdió Aníbal frente a los romanos, la de Zama (202 a. de c.), a manos de Escipion el Africano, pero esa es otra historia.

(1)   Las itálicas corresponden a:

Grimal, Pierre. El Helenismo y el auge de Roma. El mundo mediterráneo en la edad antigua II.  Siglo XXI editores. Ed. Marzo 2009. Pág. 317-321.